Herpes genital


HERPES GENITAL


El herpes genital es una infección de transmisión sexual. Puede ser producida tanto por el virus herpes simple tipo 1, como por el tipo 2. Lo más frecuente es que la infección sea producida por el tipo 2 a nivel genital. Su manifestación clínica más importante es la aparición de úlceras genitales. Como en otras partes del cuerpo, la infección no se puede eliminar, y se manifestará por brotes a lo largo de la vida de la paciente. Además, puede producir importantes daños en los recién nacidos en el caso de que se transmita durante el parto desde la madre.

TIPOS DE INFECCIÓN POR HERPES GENITAL

  • La infección primaria suele ser la más sintomática. Previo a la aparición de las lesiones cutáneas puede aparecer fiebre y malestar general, escozor en la zona ano – genital, flujo vaginal anómalo, y dolor en miembros inferiores.
  • La infección recurrente es más frecuente en el primer año tras la infección primaria, y también es más frecuente si la infección es por el virus herpes tipo 2. Durante el embarazo también es frecuente que aumenten las recurrencias. Las lesiones suelen aparecer en la misma zona de infección primaria, pero con menor extensión.

    MANIFESTACIONES CLÍNICA Y DIAGNÓSTICO

Las lesiones características consisten en múltiples vesículas y úlceras dolorosas. Además de la identificación de las lesiones, para el diagnóstico es útil el cultivo del virus directamente de una muestra de la lesión.

Sólo con la sospecha clínica, se debe instaurar tratamiento con el fin de disminuir los síntomas e intentar acortar la duración del brote. Disminuiremos así también el tiempo de excreción del virus por las lesiones, y por tanto la contagiosidad. Como ya se ha comentado antes, el tratamiento no elimina el virus latente, y por tanto la infección no se cura.

Vesículas herpes

 

TRATAMIENTO Y RECOMENDACIONES

El tratamiento debe realizarse con antivirales por vía oral, y por vía intravenosa en el caso de que existan complicaciones. El tratamiento tópico (pomada) no tiene utilidad.

Aquellas pacientes que estén diagnosticadas de herpes genital, tienen riesgo de transmitir el virus a su recién nacido durante el parto. Por este motivo, se realiza tratamiento desde la semana 36 de embarazo hasta el parto. El objetivo es impedir la aparición de un brote, el cual contraindicaría el parto vaginal y obligaría a la realización de una cesárea.

Por último, dado que se trata de una infección de transmisión sexual, lo ideal es investigar la presencia de otras infecciones de transmisión sexual en aquellos casos en los que se diagnostique a la paciente de herpes genital.

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